17 de agosto de 2013

El pentagrama

Supongamos que somos notas sobre un pentagrama. Cuanto más alto nos encontremos más agudos somos, y por una regla de tres, más felices, sin embargo, cuanto más puestos bajemos en la escala, más grave somos, algo que podemos comparar con momentos depresivos en nuestra vida. En cambio, que estemos en una posición de notas graves no significa nada, podemos volver a ascender entre las líneas y espacios para convertirnos en un agudo, pero, piénsalo bien, somos graves, sí, eso no quiere decir que no tenga algo positivo la ocupación de la nota, más bien podemos sacarle partido, con  las ganas de intentar subir, conseguimos arreglar el problema, salir de él, las mejores reflexiones se dan lugar cuando estamos en lo más bajo del pozo, de la ola, del pentagrama. Estando arriba todo es brillante, pero, ¿qué contratenor o soprano aguanta toda su vida cantando con su tesitura más aguda? Seguro que ninguno, aunque no quiere decir que un bajo o un contralto si puedan. Resumiendo, da igual en que lugar de la escala nos encontremos, en cualquier momento podemos estar arriba y bajar o viceversa, de un momento para otro, pero podemos volver a subir o bajar.

1 de julio de 2013

Recuerdos de verano.

Era de noche y las estrellas iluminaban el cielo, venía en la misma calle que tú, pero en dirección contraria. Llegan al mismo punto, él la mira directamente a los ojos, ella hace lo mismo, ninguno está pensando en nada exactamente, no es momento para sacar cuentas. Te extiende lo brazos, se sobrentiende que quiere que lo abraces y así lo haces, ¿cómo negarse a eso? Se hace interminable, pero no te importa el tiempo, hasta que te distancia tan solo unos centímetros, levantas la cabeza y ahí está de nuevo, mirándote con esa mirada que te hace perder el sentido de la orientación, digamos que... te pierdes en él. Tus ojos ahora sólo suben y bajan, de sus ojos a sus labios, de sus labios a sus ojos y te preguntas si estará pensando lo mismo que tú. Te das cuenta de que vuelves a sentir tus propios latidos contra su cuerpo, se da cuenta de tus nervios. Te muerdes el labio y él te sonríe, pasa su pulgar por tu labio inferior, acariciándolo, tus manos se entrelazan tras su cuello y las distancias desaparecen. Cuando te quieres dar cuenta, lo estás sintiendo, hasta los mismos cimientos de tu mundo desaparecen, destruyendo todos tus esquemas, pero lo increíble es que no te importa, simplemente por mero hecho de que es él y que te daría igual si se lo llevara todo de ti, sigue siendo él.

27 de abril de 2013

Dibuja tu vida.

Le damos al 'play' y comienza a sonar la música, coges tú lápiz y empiezas a dibujar trazos, grandes líneas que se conectan y forman algo, otras no se conectan, pero eso no deja de formar parte del dibujo. Te equivocas, coges la goma y lo borras, cuando lo haces bien, no quedan marcas, es como si nada hubiera pasado, pero si te fijas, siempre hay algo que sabemos que está ahí que nos recuerda que hubo un momento en el que fallamos. Coges el pincel y lo mojas en la pintura, tienes muchos colores que elegir, colores que decides darle por no dejarlo todo en blanco y negro, empiezas a pintar sobre las líneas de lápiz que empiezan a ser sustituidas por colores. Tienes las manos manchadas, pero no te importa, te estás evadiendo de la realidad y eso te gusta tanto que le subes el volumen a la música y continúas. Acabas con todas esas líneas que se unen de algún modo y ves que la pintura sigue húmeda, se te pasa una idea por la cabeza, sonríes y sales corriendo, abres un cajón y sacas un bote de purpurina, vuelves corriendo y la tiras contra la pared, te da igual todo, ya se limpiará. Te sientes satisfecha con lo que has hecho, te alejas y contemplas esa pared que acabas de modificar, llena de colores y purpurina, la música sigue sonando de fondo a todo volumen y vuelves a sonreír contenta, sabiendo que eso lo has hecho tú y nadie más que tú. Te sientas a contemplar el dibujo y te das cuenta de que cada trazo hecho a lápiz es cada paso en tu vida, cada conexión es una persona allegada y las demás aunque no estén conectadas a ti, forman parte de tu vida, cada caída es un fallo y cuando te levantas desaparece el error, pero si te fijas sigue ahí, oculto y que sólo sale si le das más importancia de la que debería tener, cada trazada sobre el lápiz es cada paso fuerte que damos y que los colores, las tonalidades y los matices se los ponemos nosotros mismos a nuestro propio gusto, dándole ese toque final de alegría y felicidad que si queremos, todos podemos ponérselo a nuestro día a día, que el desastre que hagamos en nosotros mismos, será nuestro desastre y que ya lo ordenaremos todo cuando sea necesario.

5 de abril de 2013

Tan cerca y tan feliz.

Te levantas y lo primero que se te viene a la mente es su imagen. Lo ves y se mezclan las miradas pero todo lo demás desaparece. Se para, te paras, se acerca, te acercas y las miradas de complicidad aún se mantienen. Extiendes tus brazos y los pasas por su cuello, sus brazos te agarran las caderas y te acercan, necesita sentirte cerca, muy cerca, tan cerca que el único espacio de aire que queda entre los dos empieza a ser compartido por ambos. La cercanía te mata, apoyas tu cabeza en su pecho y te sientes como una niña protegida... contempla tu mirada, pone la mano bajo tu barbilla y te levanta la cabeza, mientras te pide que no lo mires así, porque eso le puede. Las distancías se van acortando, cada vez es menos, pero sus ojos siguen ahí, mirándote como si no hubiera nada más que eso. Empiezas a dejar de oír todo lo demás, sólo lo escuchas a él y vuestras respiraciones juntas. Llega el momento de la despedida, no quieres otra cosa que besarlo y no dejarlo, lo haces, aún sabiendo que tienes que irte, pero no te importa, se te hace inevitable no sonreír sobre él y eso te hace feliz.