Supongamos que somos notas sobre un pentagrama. Cuanto más
alto nos encontremos más agudos somos, y por una regla de tres, más felices,
sin embargo, cuanto más puestos bajemos en la escala, más grave somos, algo que
podemos comparar con momentos depresivos en nuestra vida. En cambio, que
estemos en una posición de notas graves no significa nada, podemos volver a
ascender entre las líneas y espacios para convertirnos en un agudo, pero, piénsalo
bien, somos graves, sí, eso no quiere decir que no tenga algo positivo la
ocupación de la nota, más bien podemos sacarle partido, con las ganas de intentar subir, conseguimos
arreglar el problema, salir de él, las mejores reflexiones se dan lugar cuando
estamos en lo más bajo del pozo, de la ola, del pentagrama. Estando arriba todo
es brillante, pero, ¿qué contratenor o soprano aguanta toda su vida cantando
con su tesitura más aguda? Seguro que ninguno, aunque no quiere decir que un
bajo o un contralto si puedan. Resumiendo, da igual en que lugar de la escala
nos encontremos, en cualquier momento podemos estar arriba y bajar o viceversa,
de un momento para otro, pero podemos volver a subir o bajar.
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