1 de julio de 2013

Recuerdos de verano.

Era de noche y las estrellas iluminaban el cielo, venía en la misma calle que tú, pero en dirección contraria. Llegan al mismo punto, él la mira directamente a los ojos, ella hace lo mismo, ninguno está pensando en nada exactamente, no es momento para sacar cuentas. Te extiende lo brazos, se sobrentiende que quiere que lo abraces y así lo haces, ¿cómo negarse a eso? Se hace interminable, pero no te importa el tiempo, hasta que te distancia tan solo unos centímetros, levantas la cabeza y ahí está de nuevo, mirándote con esa mirada que te hace perder el sentido de la orientación, digamos que... te pierdes en él. Tus ojos ahora sólo suben y bajan, de sus ojos a sus labios, de sus labios a sus ojos y te preguntas si estará pensando lo mismo que tú. Te das cuenta de que vuelves a sentir tus propios latidos contra su cuerpo, se da cuenta de tus nervios. Te muerdes el labio y él te sonríe, pasa su pulgar por tu labio inferior, acariciándolo, tus manos se entrelazan tras su cuello y las distancias desaparecen. Cuando te quieres dar cuenta, lo estás sintiendo, hasta los mismos cimientos de tu mundo desaparecen, destruyendo todos tus esquemas, pero lo increíble es que no te importa, simplemente por mero hecho de que es él y que te daría igual si se lo llevara todo de ti, sigue siendo él.

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