5 de abril de 2013

Tan cerca y tan feliz.

Te levantas y lo primero que se te viene a la mente es su imagen. Lo ves y se mezclan las miradas pero todo lo demás desaparece. Se para, te paras, se acerca, te acercas y las miradas de complicidad aún se mantienen. Extiendes tus brazos y los pasas por su cuello, sus brazos te agarran las caderas y te acercan, necesita sentirte cerca, muy cerca, tan cerca que el único espacio de aire que queda entre los dos empieza a ser compartido por ambos. La cercanía te mata, apoyas tu cabeza en su pecho y te sientes como una niña protegida... contempla tu mirada, pone la mano bajo tu barbilla y te levanta la cabeza, mientras te pide que no lo mires así, porque eso le puede. Las distancías se van acortando, cada vez es menos, pero sus ojos siguen ahí, mirándote como si no hubiera nada más que eso. Empiezas a dejar de oír todo lo demás, sólo lo escuchas a él y vuestras respiraciones juntas. Llega el momento de la despedida, no quieres otra cosa que besarlo y no dejarlo, lo haces, aún sabiendo que tienes que irte, pero no te importa, se te hace inevitable no sonreír sobre él y eso te hace feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario