Solemos echar más en falta las cosas que ya se han ido, o que no hemos sabido aprovechar.
6 de diciembre de 2016
A Big wall
Llega un momento en el que te das cuenta de que la solución no está en irse lejos, al final los problemas siguen en tu cabeza y eso no lo puedes dejar atras. Llega un momento en el que te ves sin nada, llorando por cualquier motivo y sin saber a donde ir. Llega un momento en el que tu autoestima toca el suelo y sigue bajando a través de él, donde no hay sitio para quererse, ni siquiera a ti misma, porque incluso te cansaste de ti misma hace tiempo. Muchas veces nos cuesta darnos cuenta de que hemos tocado fondo y que no va a ser fácil salir de ahí y que por más que buscas soluciones, la gran mayoría de ellas acaban siendo inútiles. Al fin y al cabo, la peor parte llega en ese preciso momento en el que te das cuenta de has tocado ese fondo que tanto temias. Nuestro cerebro está encargado de almacenar una gran cantidad de recuerdos que aunque no esten presente en el día a día, siguen ahí y salen cuando menos los necesitas. Probablemente de ahí surjan grandes problemas que impiden avanzar a cualquiera llegando al caso en el que te impiden encontrar el modo de salir del fondo y volver a comenzar. Quizás incluso el problema ya no tenga que ver con el resto, sino contigo misma, con tu baja autoestima y tu poco querer. Con tus inseguridades y tu manera de encerrarte en ti misma creando esa coraza que siempre ha estado protegiendote del resto y quien sabe si de ti misma también. El daño acaba siendo peor en alguien así, pues no se cicatriza bien y duele mucho tiempo como para poder seguir como si nada ocurriese. Así es la realidad y al final, se ha de aprender a vivir con ella, en el fondo o en la orilla, donde te toque, por suerte o por desgracia, te toca vivir con ella.
20 de octubre de 2016
Quererte sin fin
Sin saber por qué te quedas fijamente mirando. Mirando a un solo punto, como si tu mirada lo perforace. Realmente no piensas en nada, tu mente se queda en blanco. Se acerca por la espalda y te da un cálido beso en la nuca. Tu cuerpo se estremece como el primer día y aún no has encontrado una explicación a ello. Te giras y ahí está él, mirándote con esos ojos verdes que tanto te gustan. Te escondes en su cuello, te besa la frente, te sientes intocable, protegida, en el mejor sitio del mundo. Notas su tacto, su cuerpo, su calidez, su olor. Notas sus latidos y su respiración y sólo te centras en eso porque no hay una sensación mejor. Sus labios recorren todo tu cuerpo, morderlos cuando se acercan a tu boca. Los tuyos besan cada centímetro de su piel, dando pequeños mordiscos cuando tu cuerpo te lo pide. Sabes que eres suya y que él es tuyo, porque el ying no es nada sin el yang. Sientes como el pulso se acelera, como se forma una preciosa armonía que sólo ambos son capaces de sentir, algo que nadie más entendería. El silencio lo dice todo. Besos, besos y más besos. Hacer que explotes, que explotes de mil maneras, que explotes de amor, que sea el único que conoce tus secretos, tus más profundos complejos, tus puntos más débiles. Que haga que tus momentos más incómodos se vuelvan los más naturales, hace que te vuelvas adicta a él. Adicta a sus abrazos, a sus brazos, a su espalda, a su lengua, a todo aquello que sea él. Marcas de guerra por su cuerpo. Contar todos sus lunares. Mirarlo cuando duerme y acariciar sus mechones rubios. Tumbarte en su pecho y preguntarte cómo has llegado a quererlo tanto, sin darte cuenta. Darle todo de ti, absolutamente todo. Gritarle cuando no lo soportas, decirle de todo y luego arrepentirte porque sabes que realmente no lo piensas. Tras la tormenta llega la calma. La reconciliación. Quererlo más que nunca. Quererlo como a nadie. Quererlo como si te fuera vida en ello. Quererlo hasta morir.
27 de mayo de 2016
Se avecinan cambios
Hoy estoy sensible. El pasado viernes 20 de mayo terminadé todos los exámenes, por lo que soy libre de 2º de Bachillerato. El otro día me preguntaron que cómo definiría el paso por el instituto y a ello, sólo me vino una palabra a la cabeza: intenso. Pasamos mucho tiempo ahí metidos y es ahí donde pasamos muchas de las cosas que nos marcan a día de hoy. Bachillerato ha sido duro, he reído, he llorado, he pasado noches sin dormir, y he estado tan acelerada por la cafeína que me he asustado, me he estresado, quizás más de lo que debería, pero cada uno lleva las cosas a su manera, pero al final estoy aquí, viendo como todo esfuerzo tiene su recompensa. Este año ha sido más duro aún, un curso más corto y más intenso aún, muchos exámenes y mucho que estudiar en muy poco tiempo, pero siempre dije que el que quiere, puede. No puedo acabar esto sin agradecer muchas cosas, agradecerle a la gente que ha entrado este año a mi vida y a aquella que se ha mantenido, gente que ha hecho más llevadero el curso, a mi clase, que aunque a veces no los soporte, en otras ocasiones me han hecho reír hasta dar dolor de barriga, a todos los que me han aguantado en cada una de mis etapas, cuando me vuelvo insoportable y cuando me vuelvo loca porque apenas he tenido tiempo de dormir y gracias a ella, que creo que no hace falta ni nombrarla, por estar siempre que lo he necesitado sin ni siquiera pedirlo, tranquilizarme cuando peor estoy, por ser mi compañera de locuras y la portavoz de todo lo que pienso. Por esto y muchísimas cosas más, felicidades a todos los que hoy, como yo, acaban, y a los que terminan en Junio también, porque el esfuerzo no deja de estar ahí. Esta etapa se termina para empezar una nueva, pero no dejara de formar una parte de nosotros. En resumidas cuentas... nos vemos en la Universidad!!
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)