Solemos echar más en falta las cosas que ya se han ido, o que no hemos sabido aprovechar.
31 de agosto de 2017
Efecto mariposa
Todos somos personas. Todos merecemos una explicación que resuelva nuestras dudas. Todos merecemos una segunda oportunidad, así como poder darla. Todos merecemos tener la posibilidad de confiar en alguien. Todos merecemos que nos abran la puerta, que nos abracen y nos digan que todo saldrá bien. Ojalá todo esto fuera así, que el rencor no fuera por dentro de nosotros, porque al final eso es lo que más nos destruye. Ojalá no ser esa chica a la que destrozaron en mil trozos sin importar. Cuando pasamos tanto tiempo junto a una persona, es inevitable acabar conociendo hasta sus más estúpidas manías, saber cuando está siendo de verdad y cuando no, saber que es de una manera y no de otra. Tenemos derechos a reclamar aquello por lo que no estamos de acuerdo. Tenemos derecho a amar y ser odiados. A odiar y ser amados. Tenemos derecho a desconfiar, a odiar en momentos de ira, a llorar, a reclamar lo que un día fue nuestro, a ser felices, a amar. Porque joder, ¿quién no quiere ser amado hasta las trancas? Quién dentro de su sano juicio no quiere que amen todos los cm de su piel, todas sus cicatrices, todos sus defectos e inseguridades. Seré todo lo que quiera, seré el mayor error de su vida, lo que más odia ahora mismo, pero también seré aquella que lo dio todo sin esperar nada. Seré aquella que a pesar de todo quiso seguir confiando y acabo quedándose con las palabras en la boca sin poder volver a pronunciarlas. Seré aquella chica maleducada, insoportable e irritable que te sacaba de quicio, pero también aquella a la que decías amar por el resto de tu vida y la cual hoy siente que su corazón jamás volverá a ser el mismo. Las palabras se las lleva el viento. Estamos acostumbrados a prometer y no cumplir. A decir que permaneceremos siempre aún sabiendo que las cosas no van bien y somos los primeros en huir, cuando debemos quedarnos. Pero dicen que nada muere cuando se mantiene en el recuerdo, éste lo mantiene vivo. Vivo como una foto que revivimos, como una canción que nos lleva a un momento o como una rosa bien cuidada que puede hacerte feliz toda la vida con sólo mirarla, porque al final, de eso tratan los recuerdos, de revivirte momentos que te hicieron feliz o te destrozaron, pero que siguen ahí. Por eso aprendemos, lo reescribimos todo y aprendemos. Porque lo más mínimo, lo cambia todo. Porque esa chica que un día fue feliz, ahora no se encuentra a sí misma. Porque un día confiaba y ahora no. Porque un día la amaron y ahora no. Porque un día le prometieron la luna y ahora ni la ve. Porque un día le dieron todo y ahora la dejaron sin nada. Sin una explicación. Sin un por qué. Sin una despedida. Sin un beso. Sin una rosa. Sin un abrazo. Sin un "buenos días y sin un "buenas noches". Sin un "te amo". Sin confianza y sin alguien en quién confiar. Porque el simple aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en el otro lado del mundo. Porque esa es la teoría del caos. Ese es mi caos. Ese era el caos que yo tanto amaba y se convirtió en el caos más absoluto de mi vida.
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