Solemos echar más en falta las cosas que ya se han ido, o que no hemos sabido aprovechar.
21 de octubre de 2012
5 meses más.
Recuerdo desde el primer "hola" de aquel 25 de febrero hasta el último "buenas noches, pequeña", recuerdo aquella tarde caminando sin rumbo, aquellos abrazos, todas esas palabras que me decías con ternura cuando estaba mal, todas esas noches comentando películas de miedo, cada vez que me decías que te aburrías, cada teatro que nos montábamos, sigo leyendo aquello que llamaste "el sueño jamás soñado", eso que leo ahora y aunque fueran idioteces nuestras, se que tenían su verdad, como siempre, porque jamás me prometiste nada que no fueras a cumplir, porque sigo recordando aquella frase que tanto repetíamos de "si tu caes, yo caigo contigo", aquello de; "el que primero se vaya, protegerá al otro todas las noches, este donde este". ¿Sabes lo que recordar todo esto cada noche? Es duro, pero me alegra saber que supiste enseñarme a ser feliz, y lo conseguiste en muy poco tiempo, y que aún sin estar aquí, ahora, gracias a cada recuerdo saco una sonrisa más. Eres ese recuerdo que se que nunca va a desaparecer, algo que va a permanecer siempre, como todo lo que prometimos, porque sigo creyendo en todas tus promesas, que jamás se van a apagar, porque esto no es un adiós, es un hasta pronto.
6 de octubre de 2012
Cometer locuras sin más.
Caía la tarde, y se veía como dos siluetas de una joven pareja enamorada se difuminaba en el reflejo del sol sobre el mar. Dos personas que aún disfrutaban de la vida en toda su plenitud, se contemplaban el uno al otro, sonreían, se besaban, chapoteaban en el agua, se abrazaban, se volvían a besar sin cansarse nunca, eran jóvenes, tenían mucho tiempo por delante. Caminaban por la orilla, sin desenlazar sus manos, no paraban de hablar, de muchas cosas, y cuando callaban, se sonreían el uno al otro.
-¿me quieres? —le preguntaba ella.
-Que va, no te soporto —le respondía el serio.
–¿en serió?
El la miro directamente a los ojos, se acercó, la beso y le susurró al oído:
–Te quiero demasiado como para alejarme de ti...
Parecía tan felices que nadie podría imaginarse que en algún momento discutieran por tonterías, pero cada vez que eso ocurría, se hacían más fuertes aún.
10 de diciembre, Hugo recibe un mensaje de ella; "Tenemos que hablar, nos vemos esta tarde."
Se encontraron en el parque de siempre, el rostro de Sandra estaba apagado, triste.
-¿Qué ocurre? —Dijo Hugo preocupado.
-Me voy...
-¿Cómo que te vas? No puede ser.
-Si, me voy.. mis padres han tomado la decisión.
Hugo se levantó, y se fue sin decir palabras, no daba crédito a lo que estaba escuchando, no podía ser cierto, pero mientras caminaba, se dio la vuelta y con los ojos empañados: "¡te juro que no te voy a dejar ir, no voy a permitirlo!"
La seguía llamando cada noche, como de costumbre, pero las conversaciones se apagaban, ya no eran lo mismo, sabían que en algún momento acabaría, sin que ambos quisieran.
-¿y si nos vamos? Tu y yo, solos. —le dijo el con el rostro iluminado.
-¿Estas loco? ¿cómo vamos a hacer eso? —le dijo ella asustada por aquella proposición.
-¿Me quieres?
-Pues claro que te quiero, pero es una locura.
-Pues confía en mi, podemos irnos, los dos, y seguir juntos.
-Pero y si...
-Olvídate de los peros, y de las consecuencias, piensa en lo que quieres hacer, ya tendremos tiempo de pensar en consecuencias.
-¿me quieres? —le preguntaba ella.
-Que va, no te soporto —le respondía el serio.
–¿en serió?
El la miro directamente a los ojos, se acercó, la beso y le susurró al oído:
–Te quiero demasiado como para alejarme de ti...
Parecía tan felices que nadie podría imaginarse que en algún momento discutieran por tonterías, pero cada vez que eso ocurría, se hacían más fuertes aún.
10 de diciembre, Hugo recibe un mensaje de ella; "Tenemos que hablar, nos vemos esta tarde."
Se encontraron en el parque de siempre, el rostro de Sandra estaba apagado, triste.
-¿Qué ocurre? —Dijo Hugo preocupado.
-Me voy...
-¿Cómo que te vas? No puede ser.
-Si, me voy.. mis padres han tomado la decisión.
Hugo se levantó, y se fue sin decir palabras, no daba crédito a lo que estaba escuchando, no podía ser cierto, pero mientras caminaba, se dio la vuelta y con los ojos empañados: "¡te juro que no te voy a dejar ir, no voy a permitirlo!"
La seguía llamando cada noche, como de costumbre, pero las conversaciones se apagaban, ya no eran lo mismo, sabían que en algún momento acabaría, sin que ambos quisieran.
-¿y si nos vamos? Tu y yo, solos. —le dijo el con el rostro iluminado.
-¿Estas loco? ¿cómo vamos a hacer eso? —le dijo ella asustada por aquella proposición.
-¿Me quieres?
-Pues claro que te quiero, pero es una locura.
-Pues confía en mi, podemos irnos, los dos, y seguir juntos.
-Pero y si...
-Olvídate de los peros, y de las consecuencias, piensa en lo que quieres hacer, ya tendremos tiempo de pensar en consecuencias.
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